Plantas Bíblicas de la Hispaniola

Luego de ser creadas las plantas y de tres largos días de espera, el hombre aparece sobre la tierra. “Y Dios vio que era bueno”.

Las más antiguas religiones han tenido una base animista donde a los árboles y las plantas se le han otorgado fuerzas misteriosas y sobrenaturales indispensables para el sentir espiritual del hombre. El hombre ha visto en la planta la divinidad o la intermediación con la divinidad; es particularmente el caso del árbol, que con su crecimiento vertical, se acerca a la bóveda celestial.

A través de la historia, las plantas también han representado el sustento mismo del hombre como alimento para sobrevivir, medicina para sus remedios, material para vestir y protegerse, construir sus casas y sus armas. Vegetación omnipresente que podía proteger y curar, pero también herir y matar y ofrecer cuantiosos otros poderes… Igualmente, encontramos plantas que son símbolo de esperanza y continuidad de la vida y que parecieran recibir misteriosamente poderes del “más allá”, como es el caso del género sempervirens, “siempre verde”, al que pertenece el ciprés; tantos misterios que habrían que dilucidar en esa estrecha relación entre hombre, plantas y divinidades. Ciento diez plantas han sido nombradas en la Biblia, algunas son claramente identificadas, pero una cantidad considerable es todavía objeto de controversias entre lingüistas, botánicos e historiadores. La Biblia, originalmente tradición oral de poesías, canciones y cuentos seculares, aparece en forma escrita a partir del siglo V A.C. Pasa el tiempo y los textos son copiados, recopiados, con las transgresiones, omisiones y faltas propias de este oficio. De la misma manera sufre traducciones sucesivas (Septante, Vulgate, etc.) que contribuyen a la confusión. Los traductores no eran necesariamente conocedores de la botánica de las tierras bíblicas; tanto que a la fecha algunas plantas no han sido todavía identificadas. Sin embargo, las traducciones europeas a partir del siglo XVI ofrecen probablemente los errores más flagrantes – por desconocimiento botánico de los traductores o por que la intención del traductor era de hacerse entender por el lector- y entonces escogen nombres conocidos por el público de su época. (tamarix gallica = Taray , planta bíblica; tamarindus indica = tamarindo). Finalmente la planta, al ser protagonista de muchas parábolas, hace que el narrador bíblico pueda haber estado más interesado en el significado, el entendido o el simbolismo, que en la veracidad botánica, al momento de citar una especie particular. El Descubrimiento implicó un choque de civilizaciones que invita a estudiar uno de los primeros intercambios positivos, enriquecedores y productivos: la introducción de plantas nuevas, desconocidas entre ambos mundos.

Quinta Dominica, que cuenta en sus jardines con varias plantas citadas en los textos Bíblicos (dátil, algodón, ciprés, caña de azúcar, canela, aceituna etc…) convence el muy talentoso pintor y reconocido grabadista Raúl Recio, de interpretar sobre cobre, una selección de treinta y seis plantas que se mencionan tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento y que también tienen presencia en la isla Hispaniola.

Plantas Bíblicas en la Hispaniola es fruto de un entusiasmo apasionado sin pretensión científica ni botánica; por ejemplo el aceituno, el que nunca prosperó realmente en la isla, sino de forma anecdótica pero por su importancia simbólica fue incluido en esta muestra.

Renaud Anselin

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